En una ciudad de Colombia, entre clima frío y clima caliente, vivía la familia Gastón. Era una familia de clase media, unida, y con un futuro prometedor.

La familia Gastón estaba conformada por Papá Gastón, Mamá Gastón, hijo Gastón e hija Gastón.

La familia Gastón contaba con los ingresos del papá, que trabajaba en la empresa de energía eléctrica y los ingresos de la mamá, que trabajaba en la Alcaldía. Así como tenían ingresos, también tenían los gastos de una familia normal: el mercado, los servicios, el colegio de los niños, el celular, el vestuario, el arriendo, los servicios públicos y otros más. Pero, siendo honestos, la familia Gastón era un poco despistada y no le daba mucha importancia a la fecha en que debía hacer el pago de sus obligaciones; al fin y al cabo, ¿qué era lo peor que podía pasar si se demoraban un poquitico en pagar?

Papá Gastón pagaba el celular cuando sabía que ya se lo iban a cortar.

Mamá Gastón pagaba la pensión cuando desde el colegio le notificaban que su hijo no podría entrar a clases hasta que no se registrara el pago.

Papá Gastón siempre pedía 5 “diiiitas” más para pagar el arriendo.

Para los niños Gastón esto era normal, incluso, a su manera, ellos también iban adquiriendo el hábito de demorarse para cumplir obligaciones y eso se empezó a ver cuando los niños pedían un plazo adicional para entregar un trabajo o una tarea en el colegio.

Los niños Gastón no entendían muy bien el porqué, pero misteriosamente algunas veces su casa amanecía sin luz, sin agua o sin gas.

Pero como siempre les decía papá Gastón: “¿qué es lo peor que podría pasar: no tener minutos en el celular un día, tener que pedir domicilio porque no había gas, que lo llamaran del banco un sábado a las 6 am, o no ir a estudiar un día? Eso no pasa nada…”

De esta manera fue pasando el tiempo, los niños crecieron y se mudaron a otra ciudad, una ciudad más grande, para que los hijos Gastón pudieran cumplir sus sueños.

Con el paso del tiempo, el hijo Gastón creció y mantuvo los mismos malos hábitos de pago que adquirió en casa, le parecía normal pagar un poquito tarde y recordaba lo que su papá decía recurrentemente… “Eso no pasa nada…”

Incluso, aun cuando consiguió un buen trabajo y sus ingresos eran más que suficientes para cumplir a tiempo con todas sus obligaciones, el hijo Gastón continuaba con malos hábitos y siempre se demoraba en pagar.  Pasó el tiempo, transcurrieron los días y las noches, y el hijo Gastón veía como mejoraban sus ingresos y aunque no pagaba a tiempo nunca tuvo problemas y esta conducta nunca tuvo mayores consecuencias.

Un buen día, el hijo Gastón quiso comprar un apartamento en Constructora Bolívar. Cuando se acercó al banco para solicitar el crédito que necesitaba, el asesor comercial le hizo un perfilamiento crediticio y al mirar en el sistema puso una cara de preocupación, y le digo con voz fría y doliente:

“Hijo Gastón, según la información que me arroja el sistema, lastimosamente, en este momento, no se le podría aprobar un crédito para su vivienda nueva”.

El hijo Gastón muy sorprendido, ofuscado e indignado reclamó: “¡¿Cómo no me van a aprobar el crédito?! Mis ingresos son suficientes para pagar la cuota que me exigen. Además, yo tengo la suficiente experiencia crediticia y no tengo ningún crédito ni obligaciones adicionales”.

El asesor del banco le comentó en un tono amable y amigable: “Rarísimo, Hijo Gastón, entonces por lo único que podría estar reportado es por no efectuar pagos a tiempo, como por ejemplo, pagar tarde la tarjeta de crédito, demorarse en pagar el celular o la cuota de algún crédito anterior que usted haya tenido”.

En ese preciso momento, cuando el asesor terminó de hablar, el Hijo Gastón recordó que eso era lo que siempre pasaba en su casa. Ahora era él quien se demoraba en pagar y creía que si pagaba uno, dos o cinco “diiitas” tarde no tendría mayores problemas.

Fue ahí cuando entendió la importancia de no dejarse colgar con los pagos y que debía tener presente que los buenos hábitos de pago le ayudarían a adquirir su vivienda nueva y muchos sueños más.

Para su fortuna, el asesor le dijo que en el sistema se reflejaba que tenía ingresos suficientes, que su cupo de endeudamiento era aceptable y que cumplía con los diferentes requisitos para adquirir una vivienda nueva. Lo único que debía hacer era pagar sus obligaciones en el tiempo establecido, esperar a que el sistema reportara una mejora en sus hábitos de pago y así lo podrían ayudar a cumplir el sueño de tener vivienda propia.

Para tener un buen perfil crediticio todo cuenta, debes tener un cupo de endeudamiento suficiente, experiencia crediticia y buenos hábitos de pago. ¡Debes cancelar tus deudas y obligaciones en los tiempos establecidos y pagar completo. De esta manera podrás obtener un crédito para tu vivienda de la manera más sencilla!

Y, ¿en tu familia se parecen a los Gastón?
¡Cuéntanos!